Porque escribir es viento fugitivo y publicar, columna arrinconada. Blas de Otero

viernes, 2 de marzo de 2012

Los poetas

Aquel caluroso día del mes Shawwal del año 414, hace casi 1.000 años según la era cristiana, paseaban juntos Ibn Hazm y su inseparable amigo Ibn Suhayd por el barrio de Munyat al-Mugira de Córdoba. Los dos jóvenes poetas debatían sobre las esencias del amor y lo hacían con tanta pasión que apenas saludaban a quienes se cruzaban por su camino. Cuando llegaron a la finca de Abu Marwan al-Zayyali decidieron sentarse y descansar un poco en el luminoso jardín que el antiguo propietario había legado a la ciudad. “Me acuerdo de Abu Marwan, era un buen amigo” dijó Ibn Suhayd en un tono nostálgico y con la mirada perdida en el arroyuelo que atravesaba el patio produciendo una apacible armonía. “Es muy honorable tu sentido de la amistad porque sólo lo auténtico perdura en el tiempo” afirmó Ibn Hazm, “pasarán los siglos y de nuestro tiempo apenas quedarán algunos versos pero el agua de ese arroyo seguirá su curso, inmutable a los azares y a las miserias humanas. Afortunadamente, todo fluye amigo Suhayd”.

Tendrá que haber un camino.

Pedro Luna Antúnez.

lunes, 30 de enero de 2012

A la enésima va la vencida

Dominique Sanda en Novecento, la mujer del patrón.

Artículo publicado en Tercera Información.

Hace tres años, en enero de 2009, Ignacio Fernández Toxo declaraba no sin razón que “no era el momento de plantear una reforma laboral porque el origen de la crisis económica no estaba en el mercado de trabajo”. La reflexión era muy certera. La crisis que se destapó en 2008 tras la quiebra de Lehman Brothers a raíz del colapso financiero de los créditos subprime puso de manifiesto la avaricia de los mercados que tras años de macro beneficios habían generado una economía esencialmente especulativa basada en los créditos hipotecarios de alto riesgo. El estallido de la burbuja inmobiliaria cortó de raíz la fiebre por la compraventa de vivienda a la vez que provocó un descenso notable del consumo y el aumento del desempleo.

A pesar del origen privado de la crisis financiera, el gobierno del PSOE no vaciló a la hora de inyectar dinero público a fin de sanear las arcas de la Banca. Ya en octubre de 2008 se prestó a las entidades bancarias 30.000 millones a un interés mínimo del 1%. Se trataba de un regalo del Estado a quienes habían provocado una crisis que estaba dejando en el paro a millones de españoles. Pues bien, en los dos últimos años las tornas han cambiado y hemos pasado de la deuda privada de la Banca a la deuda pública de los Estados. Sin embargo, la actitud de la Banca no ha sido recíproca con el gobierno cuando se ha tratado de comprar deuda pública. Si el Estado concedió ayudas a la Banca con un interés del 1%, la Banca compró deuda pública con un interés por encima del 3%. He aquí el nudo gordiano de la crisis actual. No en vano, cerca del 60% del endeudamiento público se debe a las ayudas que el Estado destinó a la Banca.

En consecuencia, y volviendo a la tesis inicial del artículo, el secretario general de CCOO tenía razón al situar el origen de la crisis al margen del mercado de trabajo. No obstante, es evidente que los poderes económicos han aprovechado una crisis que ellos mismos han generado para recortar derechos sociales y cargarse el cada vez más endeble Estado social. Una de las exigencias de los mercados ha sido la de flexibilizar aún más las relaciones laborales. Pero como decía Toxo en 2009 es absurdo pensar en reformas laborales como antídoto a la crisis cuando las causas de la misma proceden del ámbito financiero y especulativo. La píldora no es nueva. En España las crisis económicas han anticipado profundas reformas del mercado de trabajo siendo en la mayoría de los casos peor el remedio que la enfermedad.

No queríamos reformas laborales por considerarlas innecesarias pero resulta que desde 2009 los sindicatos han firmado una reforma del sistema público de pensiones y recientemente una nueva reforma de la negociación colectiva amen de negociar otras tantas que a falta de acuerdo acabaron finalmente en decreto del gobierno. Ésta última es la enésima reforma y una vuelta de tuerca más en las innumerables reformas que en el transcurso de las últimas tres décadas apenas han servido para precarizar y desvirtuar los derechos sociales de la clase trabajadora. Algunas de ellas se negociaron con el más encomiable de los propósitos. Por ejemplo, para crear empleo o con el objetivo de reducir la elevada temporalidad. Pero lo cierto es que la mayoría de reformas fracasaron en su intento de corregir las profundas taras del mercado de trabajo español. Más precariedad. Eso es lo que nos aportaron las sucesivas reformas laborales.

El reciente acuerdo firmado por los sindicatos y la patronal no es estrictamente una reforma del mercado de trabajo pero sin duda marcará a sangre y fuego el futuro de las relaciones laborales en nuestro país. Y las marcará para mal. Para muy mal. Mi condición como sindicalista de CCOO no me impide reconocer que se trata de un mal acuerdo que introduce elementos de una regresividad notable. El II Acuerdo para el empleo y la negociación colectiva ni creará empleo ni mejorará la negociación colectiva. Una vez más hemos tropezado con la misma piedra.

En primer lugar, la enésima reforma establece unos criterios salariales entre los años 2012 y 2014 que podríamos calificar como denigrantes. Las partes firmantes han hablado de un acuerdo moderación salarial cuando en realidad hubiese sido más apropiado hablar de pérdida salarial. Así es cuando resulta que se prevén unos incrementos salariales del 0,5% para 2012 y del 0,6% para 2013, activándose la clausula de revisión solo cuando el IPC supere el 2%. En 2014 el incremento salarial partirá de un 0,6% pudiendo variar según la evolución del PIB. Si el PIB es superior al 1% e inferior al 2% los salarios aumentarán hasta el 1% y si el PIB alcanza o supera el 2% los salarios llegarán al tope del 1,5%. Es decir, en 2012 y 2013 los trabajadores podrían perder un 1,5% y un 1,6% respectivamente de poder adquisitivo y en 2014 desaparece la referencia del IPC utilizándose el ritmo de actividad de la economía española como vara de medir. Para rizar el rizo, el acuerdo establece que si el precio del barril de Brent supera el 10% ésta subida no se tome como referencia en el IPC y por lo tanto en una posible revisión salarial. O lo que es lo mismo, si EEUU atacara a Iran y el precio del petróleo se disparara los trabajadores españoles perderían más poder adquisitivo. Esperpento es la palabra. Con permiso del gran Valle-Inclán.

En segundo lugar, el acuerdo fija una serie de pautas en materia de flexibilidad interna y negociación colectiva que permitirán a las empresas la desregulación laboral en ámbitos claves de la propia negociación colectiva. Es verdad que el acuerdo señala que es necesario seguir preservando la estructura de los convenios provinciales y sectoriales. Pero no es menos cierto que tal declaración se queda en papel mojado al propiciar el descuelgue y la inaplicación de los convenios y facilitar la negociación en la empresa de aspectos fundamentales como la jornada laboral, las funciones profesionales o el mismo salario. Por ejemplo, el acuerdo eleva la distribución irregular de la jornada pasando del 5% al 10% y amplía la movilidad funcional fijando como único límite el grupo profesional. Eso quiere decir que un administrativo podría ejercer de mecánico.

En definitiva, se apuesta por el convenio provincial pero al mismo tiempo se fomenta su descentralización favoreciendo la negociación en los centros de trabajo cuando el 90% de las empresas españolas son pequeñas y medianas. Sabemos muy bien que la negociación colectiva en las pymes parte de un desequilibrio a favor de las direcciones empresariales al carecer los sindicatos de estructuras sindicales sólidas y fuertes para hacer frente a los envites de la patronal. El resultado es obvio. Millones de trabajadores quedarán desamparados.

Vivimos tiempos difíciles. Una estafa llamada crisis está destrozando la vida de millones de personas y no parece que la sangría vaya a detenerse en el futuro. Ante la supresión del Estado del bienestar se espera que los sindicatos no solo peleen por preservar sus propias organizaciones sino que actúen como diques de contención frente al tsunami neoliberal que está arrasando y aniquilando sin el mayor escrúpulo las conquistas sociales que con tanto sufrimiento y sacrificio lograron nuestros mayores. Sería una lástima que la credibilidad de los sindicatos se fuera al traste. Al fin y al cabo todos saldríamos perdiendo.

Pedro Luna Antúnez.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

No me da la gana


Artículo publicado en Tercera Información.

Leopoldo de Gregorio, más conocido como el Marqués de Esquilache, llegó a España en 1759 con el propósito de modernizar la villa y corte de Madrid. Carlos III le había encargado el empeño de situar a Madrid a la altura de las grandes capitales europeas. Ciudades como París, Roma o Viena poseían grandes avenidas, estaban bien iluminadas y en las últimas décadas se habían adaptado a los parámetros urbanísticos del siglo de las luces. Por aquel entonces Madrid era una ciudad de callejuelas oscuras e inseguras que carecían de empedrado y de farolas. Madrid se había quedado anclado en la austeridad de las formas y en una estética más propia del siglo XVI que del siglo ilustrado. Las primeras medidas de Esquilache consistieron en ampliar la red de alcantarillado, empedrar las calles e instalar cerca de 4000 farolas en toda la capital. Sin embargo, las acciones no solo se limitaron a la mejora de las infraestructuras de Madrid sino que afectaron de pleno a las costumbres y a la vida cotidiana de los madrileños. Por ejemplo, se prohibió jugar a las cartas en las tabernas y portar armas de fuego.

Pero fue por el decreto del 11 de marzo de 1766 por el que Esquilache pasó a la historia y a nuestra memoria colectiva. Ese día se colgaron de las paredes de Madrid bandos que prohibían el uso de la capa larga y el sombrero de ala ancha. Los bandos fueron arrancados al instante por un pueblo indignado contra el ministro italiano de Carlos III. Pocos días después dos madrileños protagonizaron nuestra historia al pasearse desafiantes frente al cuartel de la plazuela de Antón Martín. Ambos vestían capa larga y lucían sendos chambergos. Uno de los alguaciles del cuartel se dirigió a uno de ellos para que obedeciera la ley: “paisano, ¿por qué no observa usted lo mandado y no amputa ese sombrero?”. La respuesta al unísono de los dos madrileños fue: “no nos da la gana”. A partir de ese momento se generalizó el motín del pueblo contra Esquilache y las crónicas nos cuentan que miles de madrileños se echaron a la calle y que la guardia valona del Rey causó numerosas muertes entre los amotinados hasta que Carlos III accedió a las peticiones de los sublevados.

El desacato a la autoridad es uno de los rasgos del pueblo español. La rebelión de los comuneros, el levantamiento del 2 de mayo o el bandolerismo andaluz pusieron en jaque a las estructuras políticas del momento y a imperios hasta la fecha invencibles como el napoleónico. No se trata de idealizar ciertos capítulos históricos por el simple hecho de contener una impronta popular. No en vano se puede hallar un componente reaccionario en rebeliones como la del motín de Esquilache e incluso en la del 2 de mayo. La historia oficial nos describe como el motín de 1766 fue atizado por la Iglesia y por la vieja aristocracia que vieron peligrar sus privilegios con la llegada de ministros italianos a la corte de Carlos III. Es posible que fuera así del mismo modo que no podemos ignorar el carácter social de cualquier levantamiento popular al margen de los intereses que hagan encender la mecha. En el motín de Esquilache el pueblo de Madrid no solo se lanzó a la calle para poder jugar a las cartas en las tabernas o para vestir sus oscuras capas largas con orgullo castizo. Se echaron a la calle por hambre y porque vivían en la miseria. El incremento de los precios de alimentos básicos como el pan o el aceite de oliva y la elevada presión fiscal habían abierto una profunda brecha de desigualdad social en un país pobre de solemnidad. Por encima del acervo cultural y de la psique nacional los pueblos se mueven por necesidad.

Decía Marx que el “ser social determina la conciencia”. O lo que es lo mismo: las revoluciones no las hacen la gente feliz con la despensa llena. Pues bien, en los tiempos actuales cada vez son más los que carecen de una despensa llena y en algunos casos de un hogar en el que vivir. La ofensiva contra los derechos de los trabajadores y el proceso de desmontaje del Estado del bienestar mediante una oleada permanente de recortes sociales han sentado las bases de cómo serán las relaciones sociales y laborales del futuro. O de cómo los gobiernos y las élites económicas han diseñado que sean. Porque si bien ellos operan y aprueban leyes o reformas constitucionales desde una supuesta legalidad no es menos cierto que la falta de legitimidad provoca que millones de ciudadanos no se sientan representados ni identificados con una democracia que cojea y se tambalea por seguir ciegamente el paso impecable de los mercados financieros. Legalidad y legitimidad no acostumbran a ir de la mano. Esa es una importante tara del sistema actual que allana el camino hacia la desobediencia civil.

No nos han dejado otra alternativa. Es preciso volver a pasearnos por delante de los cuarteles y entonar un “no nos da la gana” colectivo. Ya no valen los consensos constitucionales del pasado ni son posibles los grandes acuerdos globales en materia laboral y social porque, entre otras cosas, ya no son necesarios para justificar el barrido de nuestros derechos. Se podría decir que el sistema se ha desprendido de la careta democrática. Bajo el eufemismo de los “gobiernos técnicos” se han saltado las formas que con tanto celo y esmero guardaron durante años. Frente a la imposición de unos pocos solo nos queda recuperar y alentar el espíritu de desobediencia de los muchos ciudadanos que no están dispuestos a someterse, de los que tienen vacía la despensa y de los que la tienen llena. Porque a mí tampoco me da la gana. No es una cuestión romántica sino de supervivencia.

Pedro Luna Antúnez.

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Manuel Azaña


Azaña vuelve al Congreso titulaba ayer el diario de Prisa. La vuelta consistía en un busto instalado en la sala de Isabel II del Congreso de diputados. Es una ironía histórica que uno de los dirigentes políticos más lúcidos y cultivados que ha tenido España, republicano para más señas, comparta sala con una de las reinas más simplonas y frívolas que ha dado la nefasta dinastía de los Borbones. Es más, el busto de Manuel Azaña se ha colocado en la sala dedicada a Isabel II frente a una descomunal escultura de aquella reina a la que Pío IX calificó como “Puttana, ma pia”.

Dice Bono que se imagina las conversaciones entre ambos y el resto de retratos de políticos que cuelgan de la excelsa sala. Porque entre otros retratos figuran el de Canovas del Castillo y el de Sagasta así como el de Alcalá Zamora y el de Adolfo Suárez. Es decir, por un lado la España del caciquismo bipartidista de la Restauración, por otro el que fuera presidente de la 2º República hasta abril de 1936 y con quien Azaña no se llevó precisamente bien y por último uno de los próceres de esa transición democrática que pudo ser y se quedó en un mero traspaso de poderes, expresión por cierto muy actual.

Pobre Don Manuel Azaña. Su legado en un busto que como metáfora de la historia asistirá impávido a la mediocridad de la clase política española y a la decadencia de un sistema cada vez más deshumanizado y postrado a los designios de los Mercados. Los mismos Mercados que financiaron el golpe de Estado militar de julio de 1936. Los Juan March de ayer son los Emilio Botín de hoy.

Manuel Azaña nos queda en sus textos. A través de ellos llegaremos “al problema de España” que de manera tan aguda examinó el mismo Azaña. En esa biblioteca virtual de consulta que es La Insignia hallamos algunos escritos suyos para leer y repasar una y otra vez. Los podemos encontrar en el especial España, 1936-1939, un compendio esencial para entender uno de los periodos fundamentales de la historia de nuestro país.

Pedro Luna Antúnez.

martes, 11 de octubre de 2011

Poetas del 15 de mayo

Reseña de "Poetas del 15 de mayo" para #bookcamping

Antología recopilada desde el blog Poetas del 15 de mayo de un centenar de poetas comprometidos con el "Movimiento 15-M" desde el activismo social y literario. Tomando la poesía como una herramienta de transformación, los versos de autores como Jesús Gómez Gutiérrez, Miguel Ángel Yusta, Julia Carú, Fernando Sabido Sánchez o Ada Luz Márquez obran de caleidoscopio para visualizar los primeros días de la indignación ciudadana a través de la experiencia de quienes participaron activamente en el surgimiento de un movimiento que de manera espontánea y en pocos meses ha removido las estructuras y las conciencias de nuestro país como ningún otro movimiento social lo había logrado. La editorial Séneca se ofreció a plasmar en papel el presente compendio con la finalidad de llevar la poesía indignada a los lectores sin acceso a internet. El resultado final es una edición a la que hemos reservado un lugar preferente en nuestra biblioteca personal. No en vano, es un trozo de nuestra historia reciente y un enorme ejercicio de solidaridad.

Pedro Luna Antúnez.

domingo, 14 de agosto de 2011

Gente corriente

Cuenta Johnny Rogan en su imprescindible biografía sobre The Smiths como en la Irlanda de los años cincuenta la pobreza seguía siendo una amenaza perenne para buena parte de la población. Eran los años del estado del bienestar y de la recuperación económica en Europa Occidental. Sin embargo, Irlanda vivía aún anclada en el pasado. El partido socialdemócrata “Clann na Poblachta” propuso a principios de la década un programa social basado en el modelo británico. Pero entre el eterno partido gobernante, el “Fianna Fail”, y la todopoderosa iglesia católica, echaron por tierra cualquier ilusión de progreso social y de modernización del país que alterara la vieja utopía del líder nacionalista De Valera de una Irlanda rural y gaélica. Ello propició que entre 1951 y 1956 más de 200.000 irlandeses tuvieran que hacer las maletas y emigrar hacia las prósperas ciudades inglesas, fundamentalmente a ciudades como Londres, Manchester, Liverpool y Birmingham.

Un buen grueso de la emigración irlandesa recaló en Manchester. La emigración es el desarraigo y la ruptura con las raíces. La emigración es dolor. El mismo pesar que sintieron aquellos irlandeses que llegaron a Manchester en la década de los cincuenta y que fueron recibidos con la misma frialdad con la que se recibe a un extraño del que desconfías. Frialdad que en ocasiones se tornaba en un cruel rechazo. Ese desprecio quedaría ilustrado en algunos anuncios de alojamiento y trabajo de la época en los que se podían leer avisos como “Abstenerse irlandeses” o “No se admiten irlandeses, personas de color o perros”.

Los miembros de The Smiths tienen en común el hecho de ser hijos de emigrantes irlandeses y de haberse criado en los barrios obreros de Manchester. Todos ellos nacieron entre finales de los cincuenta y la primera mitad de los sesenta. Es decir, alcanzaron la adolescencia en la década de los setenta. El Manchester de los años setenta era una ciudad dura en la que no era sencillo sobrevivir. Fue una de las ciudades inglesas más castigadas por la recesión económica y los conflictos laborales se dejaron sentir, especialmente tras la llegada al poder en 1979 de la conservadora Margaret Thatcher. El cierre de fábricas y minas en el norte de Inglaterra así como la falta de expectativas para los hijos de la clase trabajadora definían el paisaje urbano de aquellos años. Sin futuro y sin empleo, no fue difícil que algunos jóvenes ingleses recurrieran a la delincuencia.

Se dice que Johnny Marr, futuro guitarrista de The Smiths, se relacionó durante algún tiempo con una banda de ladrones de joyas. Poco antes había dejado el instituto para disgusto de su padre. Y es que en el distrito obrero de Ardwick las oportunidades escaseaban y el sueño que habían albergado los irlandeses que llegaron en los cincuenta se iba desvaneciendo. Morrissey tuvo algo más de fortuna. Se había pasado toda la infancia y adolescencia encerrado en su cuarto leyendo a los grandes clásicos de la literatura inglesa. Gracias a una sólida formación literaria y a sus conocimientos del panorama musical pudo colaborar en algunas revistas e incluso publicó en 1981 una apasionada biografía de los New York Dolls. Se llegó a independizar en 1978. Pero tras una mala experiencia en un mísero piso del suburbio de Whalley Range no le quedó más remedio que volver al hogar materno.

The Smiths debe el nombre del grupo a la gente corriente, a los millones de Smiths que viven en Gran Bretaña. Era un nombre vulgar, alejado de las pompas y del glamour de las rutilantes estrellas del rock. Ellos eran de la clase obrera. “Hoy decreto que la vida es simplemente tomar y no dar. Inglaterra es mía y tiene la obligación de mantenerme” escribió Morrissey en una de las primeras canciones de The Smiths. La falta de horizontes siempre ha estado muy presente en las canciones de The Smiths. Sin ser un grupo politizado en la medida que lo eran The Clash o el incombustible Billy Bragg, supieron transmitir las frustraciones de toda una generación. Ellos mismos habían pasado por aquello. “Quédate con los de tu clase que yo me quedaré con los de la mía” proclamaban orgullosos en “Miserable Lie”.

En 2010 el primer ministro británico David Cameron declaró públicamente que era un fan confeso de The Smiths. A los pocos días del anuncio tanto Morrissey como Johnny Marr prohibieron literalmente a David Cameron la categoría de fan del grupo. Ellos que habían crecido bajo el azote del desempleo en Manchester y ellos que habían apoyado las huelgas de los mineros británicos durante los años más duros del Thatcherismo, no estaban dispuestos a que un político conservador frivolizara con algo tan serio como The Smiths. Curiosamente, el asunto llegó a la mismísima Cámara de los Comunes y una diputada del Partido Laborista interpeló al primer ministro sobre su condición de fan del grupo de referencia entre los estudiantes cuando por otro lado se disponía a aprobar el aumento de las matrículas universitarias.

En los últimos días Inglaterra ha asistido a una oleada de protestas y disturbios en las calles. Los medios de comunicación y el propio David Cameron se han encargado de encasillar el fenómeno como meros actos vandálicos cometidos por rufianes e inadaptados a los que sólo cabe castigar y reprimir. Ni la prensa ni las instituciones públicas de Gran Bretaña y ni mucho menos David Cameron han relacionado la profunda desigualdad social que vive el país con las algaradas callejeras. Alguien le podría haber soplado al oído que hasta su idolatrado Johnny Marr tuvo que delinquir de joven para poder ganarse la vida. Asimismo, algún asesor podría haberle recordado la exclusión social y la represión que sufren amplios colectivos de inmigrantes asiáticos y de raza negra. Poco habrá cambiado Gran Bretaña desde que los irlandeses eran comparados con los perros. Ahora son otros los humillados y los marginados. Pero las injusticias no sólo no han desaparecido sino que se han agravado.

Pedro Luna Antúnez.

jueves, 11 de agosto de 2011

Los miserables

Adjunto artículo publicado en Rebelión.

En el mes de agosto parece que la vida se detuviera de golpe. Aquellos que nos gobiernan se van de vacaciones y políticamente hablando agosto se convierte en un mes inhábil. Podríamos decir que los centros de poder cierran por vacaciones. Por ello, los diarios pueblan sus ediciones de suplementos estivales y la atención mediática se centra en el bikini de la duquesa de Alba o en los modelos que luce Lady Gaga. Los que vivimos en grandes ciudades vemos como las calles y avenidas se vacían y como los afortunados veraneantes salen con presteza hacia su lugar de descanso dejando atrás el estrés y la rutina diaria. Sin embargo, no todo el mundo puede irse de vacaciones. En realidad, las grandes ciudades ya no se vacían como antaño. La precariedad laboral, el desempleo y la exclusión social han propiciado en los últimos años que tomarse un mes de vacaciones pagadas se haya convertido en una utopía para buena parte de la clase trabajadora y en un privilegio para quienes las disfrutan.

La crisis no se va de vacaciones. Mejor dicho, la ofensiva antisocial de los gobiernos y la destrucción del Estado del Bienestar siguen su curso. Bien lo sabemos en Cataluña. Por ejemplo, sólo en agosto la Generalitat ha decretado el cierre de 85 ambulatorios y centros de atención primaria (CAP). El mensaje parece estar claro: prohibido enfermar en vacaciones. Incluso Boi Ruiz, consejero de Salud de la Generalitat, declaró hace unos días que el Estado debería de estudiar un sistema de copago para la sanidad pública. Recordemos que Boi Ruiz era el presidente de la patronal catalana de hospitales cuando Artur Mas le propuso su entrada en el gobierno de la Generalitat. Por lo tanto, es evidente que el objetivo de CiU no es otro que el de privatizar de manera paulatina la sanidad pública catalana. Lejos de relajar su guerra contra los más desprotegidos parece que CiU haya escogido agosto para intensificar su campaña. No en vano, es una estrategia política conocida. En 2010 el gobierno del PSOE también aprovechó la proximidad del verano para aprobar una nueva reforma laboral. La razón es muy sencilla. Llega el verano y nos vamos de vacaciones. Y en septiembre borrón y cuenta nueva.

No es de extrañar que CiU haya esperado al mes de agosto para modificar la manera de pago de la Renta Mínima de Inserción (RMI). Con la excusa de evitar posibles fraudes, la Generalitat decidió que en agosto la prestación, de algo más de 400 euros, se pagaría mediante un cheque en lugar de la habitual transferencia bancaria. Desde la Consejería de Empresa y Ocupación de la Generalitat se aseguró a los afectados que se enviarían los cheques por correo certificado a principios de agosto. Pues bien, estamos a mediados de agosto y cerca de la mitad de catalanes con derecho a la ayuda aún no han recibido el cheque correspondiente. Ello ha ocasionado que miles de catalanes se hayan personado en la Consejería de Bienestar y Familia de la Generalitat en busca de soluciones. La respuesta de la Generalitat fue poner a disposición de los afectados un número de atención telefónica que se colapsó el primer día. El resultado es el de miles de familias al borde de la exclusión al no haber podido hacer frente a diversos pagos mensuales.

La situación en torno a la Renta Mínima de Inserción y la pasividad institucional exhibida por la Generalitat pone de relieve no sólo la escasa sensibilidad social del gobierno de CiU sino su miseria humana. Porque de miserables hay que calificar a quienes juegan con el sufrimiento de los más necesitados. Y si resulta que esos mismos miserables aluden al fraude como coartada para modificar las condiciones de pago de la Renta Mínima de Inserción, estarán evidenciando miseria e hipocresía a partes iguales. Si el gobierno de CiU quiere atajar de verdad el fraude sólo tiene que virar su atención hacia las grandes fortunas, hacia aquellos que están defraudando al fisco más de 245.000 millones de euros cada año. Pero no lo harán porque si de algo hace gala el gobierno de CiU es de conciencia de clase. De su clase, claro.

Pedro Luna Antúnez.

domingo, 17 de julio de 2011

El desgarro

"LLums trencades", fotografía de María Holguera.

“Lo tienes clarinete” le dije a Inma sin pestañear. Ella se quedó pasmada y algo desconcertada, como si fuese la primera vez que alguien le llevaba la contraria. Pero a los pocos segundos se puso brava: “¿Es que no quieres follar conmigo?”, me preguntó. En ese instante hubiera preferido detener el tiempo y pensar con calma mi respuesta. La verdad es que la chica era un bellezón y de buena gana me la hubiera llevado al catre pero algo me decía que no era trigo limpio. Bueno, a decir verdad, eso ya lo sabía yo. Así que miré fijamente a esos ojazos negros y le contesté de manera lacónica: “No puede ser, el amor nos desgarrará”. Lejos de amilanarse, ella respondió con toda su artillería pesada: “¿Pero a ti qué coño te pasa, estás alelado o qué?”.

Conocí a Inma gracias a Jorge, un amigo de la facultad de historia. Nos presentó el verano pasado en un bar de Gracia durante las fiestas del barrio. Yo no suelo ir de jarana pero esa noche no tenía gran cosa que hacer y mi amigo insistió en vernos. Cuando llegué me encontré a Jorge acompañado de una morenaza. Enseguida comprendí que mi amigo quería fardar de pibón. Hablamos y bebimos sin tregua. Inma, que no paraba de darle al pico, se bebió hasta el agua de los geranios. Al cuarto o quinto gin tonic ya tropezaba con los bordillos de la plaza del Sol. Tuvo que ir varias veces al servicio. Aprovechando una de las ausencias de Inma, Jorge me miró extasiado y haciendo aspavientos con los brazos exclamó: “!Menuda chati, Pedro, es una Diosa!”.

La Diosa dio calabazas a mi amigo al cabo de unos meses. Lo último que Jorge supo de ella es que estaba viviendo con un artista polifacético del Raval. Jorge no lo pasó muy bien. Se refugió en sí mismo y volvió a ser el veinteañero indolente que conocí en la universidad pero con quince años más. ¿Todo por una mujer? No, exactamente. Poco después de recibir el puntapié de Inma su empresa presentó un expediente de regulación de empleo y se quedó en el paro. Compuesto y sin novia, Jorge se hizo un tatuaje en el hombro derecho de un símbolo tribal de la isla de Pascua y se fue de picos pardos a Ibiza. En apenas tres meses ya se había pulido la indemnización del despido. En fin, lo habitual en los tiempos que corren.

Hace un par de semanas recibí una llamada inesperada. Al instante reconocí la altiva voz de Inma. Me dijo que volvía de pasar unos días en Berlín y que no le importaría tomar unas cañas conmigo. Yo tenía mis reservas pero acepté la cita por matar la curiosidad. Quedamos en el Mirinda a última hora de la tarde. Ella llegó con veinte minutos de retraso y con toda la chulería del mundo. Al preguntarle cómo había conseguido mi número la muy ladina me soltó: “Un día trasteando en el móvil de Jorge le pillé al vuelo varios números, uno de ellos el tuyo”. Acto seguido, Inma empezó a cruzar las piernas en un vaivén erótico festivo que me tuvo engatusado un buen tiempo. Quise hablar de Jorge pero ella me cortó en seco. “Olvídate de tu amigo” dijo esbozando una sonrisa felina. Y siguió cruzando las piernas.

Mi café se enfrió y la cita se fue al garete. Inma dejó de cruzar sus esbeltas piernas. “Eres un infeliz que se deja guiar por estúpidos códigos de amistad” expresó a modo de sentencia final. Antes de marcharse, me hizo una pregunta: “¿Por cierto, qué querías decir con esa chorrada del amor nos desgarrará?”. “No te preocupes, es sólo una canción” respondí.

Pedro Luna Antúnez.

sábado, 16 de julio de 2011

Knockemstiff


Reseña de "Knockemstiff" de Donald Ray Pollock para #bookcamping

Donald Ray Pollock es un héroe de la clase obrera. Tras haber estado trabajando durante treinta y dos años en una fábrica de papel, se ha convertido en una de las revelaciones literarias más impactantes de la nueva prosa yankee. Sin embargo, no estamos hablando del sueño americano. La literatura de Ray Pollock está poblada de perdedores, de padres alcoholizados y maltratadores, de madres adormecidas por la tele basura, de jóvenes consumidos por el speed, de violadores, de analfabetismo emocional y del lumpen más desclasado y ultraviolento. No hay posibilidad de redención. Ray Pollock retrata el pueblo donde nació y creció, Knockemstiff, sin tapujos ni miramientos, lo hace a bocajarro. Es la América de los "redneck" y de la "white trash". Es la América real que jamás nos enseñó el cine de Hollywood. Pero no es sólo América. Cómo afirma Kiko Amat en un prólogo impecable, Knockemstiff es un pueblo de Ohio pero bien podría ser "una fiel representación de todos los pueblos de su calaña que hay en EEUU. Y también en Rusia y en la meseta castellana, y en medio del Prepirineo catalán, y en cualquier parte donde existan el aislamiento, el analfabetismo, la desperación, la vergüenza, la culpa, la violencia..". Sin ir más lejos, bien podría ser nuestro propio barrio.

Pedro Luna Antúnez.

domingo, 10 de julio de 2011

Los solitarios

La foto del anuario escolar de Thomas Pynchon.

En este mundo de la farándula en el que vivimos hoy quiero recordar a los solitarios. Pienso en JD Salinger y en Thomas Pynchon, pero también en el Pío Baroja recluido en su casa de Vera de Bidasoa. Pienso en los cascarrabias y en los anacoretas, en aquellos que eligieron una vida lejos de la fanfarria y del bullicio. Los medios de comunicación e incluso la crítica literaria nos han vendido el estereotipo del bicho raro cuando se trataba de escrutar una novela como El guardián entre el centeno. La novela de los psicópatas, decían, la que llevaba Mark David Chapman cuando le descerrajó cuatro tiros a John Lennon. Casi condenan a JD Salinger. Normal que no quisiera fotografiarse en público. Hace unos años cogí prestado de la biblioteca del barrio una biografía de JD Salinger escrita por su hija Margaret. Afirmaba que su padre era un egoísta y un iluminado. ¿Y aún siendo cierto por qué sacar los trapos sucios de la familia en un libro cuando su padre jamás quiso saber nada del mundo? Por dinero, claro. Un buen puñado de dólares hace que una hija venda a su padre. Ese es el mundo en el que vivimos. Maldita sea. Ignoro si a Thomas Pynchon la familia le ha tratado mejor. La opinión pública desde luego no. ¿Por qué en la Wikipedia afirman que el autor de El arco iris de gravedad padece una “extrema fobia social”? Ese es un diagnostico grave, la fobia social es un trastorno psicológico importante. Son sandeces que uno suele leer a menudo en Internet. Como jamás se dejó entrevistar en el show de David Letterman pues resulta que está enfermo. La crítica siempre ha ido a degüello contra él. “Parece una tostadora” escribió el crítico literario de la revista Time sobre Contraluz, una de las últimas novelas de Thomas Pynchon. ¡Zas, en la boca te daba yo a ti! De Pío Baroja siempre se ha dicho que era un tipo más bien huraño y reservado. Es posible que fuera misógino. Por ejemplo, a Don Pío jamás se le conoció novia alguna ni un triste romance sentimental. Hay que ser raro de la hostia, claro. Él prefería contar historias sobre las guerras carlistas o el hampa madrileño de principios del siglo XX. Pero gracias a tal rareza podemos disfrutar del centenar de novelas que nos dejó el viejo de la boina. A mí me caen muy bien los solitarios. Aquellos que de manera muy austera vivieron y viven sin estridencias ni grandes lujos. Una casa y una mujer. Poco más se necesita. Éramos bolcheviques pero sentíamos envidia sana, y en ocasiones no tan sana, de aquel doctor Zhivago que escribía los poemas a Lara en Varykino. Sentíamos devoción por Julie Christie. “En Rusia la vida privada no existe, la historia la ha matado” le soltó el feroz Strelnikov al poeta. Esa fue la denuncia de Boris Pasternak. De todas formas, siempre me ha costado entender la psicología del pueblo ruso. Lo que sí entiendo es que ésta sociedad es un despropósito y que con cierta frecuencia es necesario y saludable echarse al monte y apartarse un poco de la corriente. No vaya a ser que nos dejemos ir por ella y nos aboque a la estupidez.

Pedro Luna Antúnez.