Porque escribir es viento fugitivo y publicar, columna arrinconada. Blas de Otero

sábado, 16 de julio de 2011

Knockemstiff


Reseña de "Knockemstiff" de Donald Ray Pollock para #bookcamping

Donald Ray Pollock es un héroe de la clase obrera. Tras haber estado trabajando durante treinta y dos años en una fábrica de papel, se ha convertido en una de las revelaciones literarias más impactantes de la nueva prosa yankee. Sin embargo, no estamos hablando del sueño americano. La literatura de Ray Pollock está poblada de perdedores, de padres alcoholizados y maltratadores, de madres adormecidas por la tele basura, de jóvenes consumidos por el speed, de violadores, de analfabetismo emocional y del lumpen más desclasado y ultraviolento. No hay posibilidad de redención. Ray Pollock retrata el pueblo donde nació y creció, Knockemstiff, sin tapujos ni miramientos, lo hace a bocajarro. Es la América de los "redneck" y de la "white trash". Es la América real que jamás nos enseñó el cine de Hollywood. Pero no es sólo América. Cómo afirma Kiko Amat en un prólogo impecable, Knockemstiff es un pueblo de Ohio pero bien podría ser "una fiel representación de todos los pueblos de su calaña que hay en EEUU. Y también en Rusia y en la meseta castellana, y en medio del Prepirineo catalán, y en cualquier parte donde existan el aislamiento, el analfabetismo, la desperación, la vergüenza, la culpa, la violencia..". Sin ir más lejos, bien podría ser nuestro propio barrio.

Pedro Luna Antúnez.

domingo, 10 de julio de 2011

Los solitarios

La foto del anuario escolar de Thomas Pynchon.

En este mundo de la farándula en el que vivimos hoy quiero recordar a los solitarios. Pienso en JD Salinger y en Thomas Pynchon, pero también en el Pío Baroja recluido en su casa de Vera de Bidasoa. Pienso en los cascarrabias y en los anacoretas, en aquellos que eligieron una vida lejos de la fanfarria y del bullicio. Los medios de comunicación e incluso la crítica literaria nos han vendido el estereotipo del bicho raro cuando se trataba de escrutar una novela como El guardián entre el centeno. La novela de los psicópatas, decían, la que llevaba Mark David Chapman cuando le descerrajó cuatro tiros a John Lennon. Casi condenan a JD Salinger. Normal que no quisiera fotografiarse en público. Hace unos años cogí prestado de la biblioteca del barrio una biografía de JD Salinger escrita por su hija Margaret. Afirmaba que su padre era un egoísta y un iluminado. ¿Y aún siendo cierto por qué sacar los trapos sucios de la familia en un libro cuando su padre jamás quiso saber nada del mundo? Por dinero, claro. Un buen puñado de dólares hace que una hija venda a su padre. Ese es el mundo en el que vivimos. Maldita sea. Ignoro si a Thomas Pynchon la familia le ha tratado mejor. La opinión pública desde luego no. ¿Por qué en la Wikipedia afirman que el autor de El arco iris de gravedad padece una “extrema fobia social”? Ese es un diagnostico grave, la fobia social es un trastorno psicológico importante. Son sandeces que uno suele leer a menudo en Internet. Como jamás se dejó entrevistar en el show de David Letterman pues resulta que está enfermo. La crítica siempre ha ido a degüello contra él. “Parece una tostadora” escribió el crítico literario de la revista Time sobre Contraluz, una de las últimas novelas de Thomas Pynchon. ¡Zas, en la boca te daba yo a ti! De Pío Baroja siempre se ha dicho que era un tipo más bien huraño y reservado. Es posible que fuera misógino. Por ejemplo, a Don Pío jamás se le conoció novia alguna ni un triste romance sentimental. Hay que ser raro de la hostia, claro. Él prefería contar historias sobre las guerras carlistas o el hampa madrileño de principios del siglo XX. Pero gracias a tal rareza podemos disfrutar del centenar de novelas que nos dejó el viejo de la boina. A mí me caen muy bien los solitarios. Aquellos que de manera muy austera vivieron y viven sin estridencias ni grandes lujos. Una casa y una mujer. Poco más se necesita. Éramos bolcheviques pero sentíamos envidia sana, y en ocasiones no tan sana, de aquel doctor Zhivago que escribía los poemas a Lara en Varykino. Sentíamos devoción por Julie Christie. “En Rusia la vida privada no existe, la historia la ha matado” le soltó el feroz Strelnikov al poeta. Esa fue la denuncia de Boris Pasternak. De todas formas, siempre me ha costado entender la psicología del pueblo ruso. Lo que sí entiendo es que ésta sociedad es un despropósito y que con cierta frecuencia es necesario y saludable echarse al monte y apartarse un poco de la corriente. No vaya a ser que nos dejemos ir por ella y nos aboque a la estupidez.

Pedro Luna Antúnez.

domingo, 12 de junio de 2011

A los caballos de Arturo Fernández


Adjunto artículo que he redactado para Rebelión.

Una vez más el dócil gobierno central ha claudicado ante los caballos del gran capital. La comparecencia del ministro de trabajo Valeriano Gómez el pasado viernes se realizó sin estridencias y en un clima de resignación. A Valeriano Gómez, otrora economista en el gabinete técnico de la ejecutiva confederal de la UGT, se le vio incómodo, posiblemente porque él jamás se hubiera imaginado verse en una situación comparable, es decir, justificando una nefasta reforma de la negociación colectiva sin el aval de los sindicatos mayoritarios. En líneas generales podríamos afirmar que el decreto del gobierno no reforma la negociación colectiva sino que la destroza para hacerla más manejable a los intereses de la patronal. Es más, sienta un grave precedente puesto que retuerce la negociación colectiva hasta debilitarla y en algunos casos hacerla desaparecer.

Como la reforma laboral y la del sistema público de pensiones, la reforma de la negociación colectiva no era necesaria si se trataba de paliar los déficits laborales de la economía española. Los propios sindicatos han reiterado hasta la saciedad que la actual crisis no tenía su origen en el mercado de trabajo. No les faltaba ni un ápice de razón. Sin embargo, se hallaron casi sin quererlo en un diálogo social permanente tendiente a materializar la mayor reforma laboral de los últimos treinta años. Uno de los objetivos, tanto del gobierno como de la clase empresarial, era la negociación colectiva.

El páramo. Con la nueva reforma de la negociación colectiva se pretende flexibilizar las relaciones laborales especialmente en el ámbito de las pequeñas y medianas empresas. Porque serán prácticamente inexistentes las relaciones laborales que se articularán en tales empresas al priorizarse los convenios de empresas por encima de los convenios sectoriales. En una pirueta circense Valeriano Gómez defendió la nueva jerarquía de los convenios de empresa ya que los “sectoriales son convenios que hay que ir desterrando porque son un lastre para las empresas”. Él sabe perfectamente que el verdadero lastre será para millones de trabajadores que se quedarán sin interlocución a la hora de negociar sus convenios colectivos al arrancarles de cuajo el colchón de las organizaciones sindicales. ¿Qué capacidad real de negociación se dará en las pymes, que representan más del 90% de empresas de este país?. Millones de trabajadores quedarán en el desamparo más absoluto frente a la voracidad insaciable de las patronales. Para ellos se ha creado un páramo sin derechos laborales.

Los mediadores. A fin de desbloquear los posibles desacuerdos entre sindicatos y patronal la reforma proyecta el arbitraje externo de carácter vinculante. Así se establece para la mayoría de los ámbitos de negociación, detalle que pone de relieve la propia desconfianza del gobierno en la nueva filosofía de relaciones laborales que impone. Por ejemplo, los convenios colectivos quedarán en manos del mediador si una vez transcurrido el plazo máximo de negociación, fijado en 20 meses, las partes no llegan al acuerdo. Asimismo, el arbitraje podrá intervenir en los casos de descuelgue salarial no consensuados. Recordemos que una de las propuestas de la patronal era que las empresas con “dificultades económicas” tuvieran la potestad de no aplicar los incrementos salariales pactados en los convenios sectoriales. En este sentido, el texto permite a las empresas acogerse a los descuelgues salariales mediante el previo acuerdo con las organizaciones sindicales. En el supuesto de que ambas partes no llegaran a un acuerdo, el descuelgue pasaría por una comisión paritaria o en último extremo por el laudo del arbitro externo. Del mismo modo, el arbitraje resolverá la falta de acuerdo respecto a la revisión de la flexibilidad interna en las empresas al margen de los convenios, otra de las demandas de la patronal que la reforma atiende de manera favorable.

La música y la letra. Decía Ignacio Fernández Toxo que el acuerdo no fue posible porque a pesar de que “había buena música faltaba la letra”. La música eran los convenios de empresa, la flexibilidad interna, el descuelgue salarial, la limitación de los plazos de negociación y los laudos externos. Incluso en el borrador que contenía las propuestas sindicales se sentaban las bases para una nueva regulación de las mutuas a fin de contribuir a la “competitividad de las empresas”. De hecho, el acuerdo estuvo a punto de cerrarse pocos días antes de las elecciones municipales y autonómicas del 22 de mayo. ¿Y finalmente por qué no se llegó al consenso?. Tanto el gobierno del PSOE como los sindicatos apuntan al nuevo mapa político que surgió de las elecciones del 22 de mayo como el detonante que propició un cambio de estrategia en el núcleo duro de la patronal. Es un argumento bastante plausible. No obstante, el avance electoral de CiU y PP era de esperar. Declaraba Valeriano Gómez, al frustrarse la firma del acuerdo, que la CEOE espera tiempos mejores con la entrada del PP en el gobierno para modelar las reformas laborales a su antojo. ¿Pero acaso la patronal española puede quejarse de las reformas del PSOE?. Pocas reformas más podrá realizar el PP cuando el PSOE ya ha arrasado el terreno de los derechos sociales y laborales. Una vez más el PSOE ha hecho el trabajo sucio de la derecha. Quizás cabría hacerse alguna pregunta más para comprender el porqué el decreto presentado por el gobierno no lleva la firma de las partes.

Los indignados
. La prensa los llama “indignados” como si expresar tal estado fuese algo anómalo en los tiempos que corren. Pero cuando el número de desempleados rebasa los cinco millones y la tasa de paro juvenil es del 40% lo más lógico es que los jóvenes se echen a la calle. Lo raro es que tal explosión de indignación no se hubiera producido con anterioridad. Ante la lección de dignidad y valores demostrada por el movimiento 15-M a la izquierda política y sindical sólo nos queda aprender y tomar nota. Hace poco un amigo escribía “que en menos de un mes, unos miles de ciudadanos libres, sin experiencia política, lograron lo que tantos partidos y organizaciones sindicales no habían conseguido en treinta años”. Es cierto. Precisamente por ello cabe preguntarse si la eclosión del movimiento 15-M no habría incidido en la ausencia de un acuerdo en la reforma de la negociación colectiva. Dos días antes de la presentación del decreto el movimiento 15-M convocó una concentración frente al congreso de diputados para protestar contra la reforma. Allí deberíamos de haber estado los sindicatos.

Arturo Fernández. A pesar de las apariencias, Arturo Fernández es el gran vencedor del envite. El actual presidente de la patronal madrileña ha desplazado a Joan Rossell al frente de la CEOE, no a nivel orgánico pero si a efectos prácticos. Él es el referente de la clase empresarial española y no tendrá que esperar a la victoria electoral del PP para convertirse en el hombre fuerte de la CEOE puesto que ya lo es. Ni siquiera el gobierno del PSOE discute su liderazgo al concederle, primero, el protagonismo mediático y segundo, una reforma de la negociación colectiva a la carta. Podríamos decir que el gobierno se ha postrado ante los caballos de Arturo Fernández.

Pedro Luna Antúnez.

lunes, 30 de mayo de 2011

Prólogo para un libro condenado

Adjunto prólogo que escribí para el libro de poesía El sexo: de boca en boca de Mayte Albores.

Mayte Albores: la sensualidad del alma

En Epígrafe para un libro condenado quiso Charles Baudelaire componer su propio anatema a raíz del despecho y de la bajada a los infiernos que se decretó contra su figura y su obra capital Las flores del mal, cántico de la sensualidad pecaminosa y del desgarro humano. Nuestro poeta maldito, sin mácula alguna, aclaraba y prevenía al lector con anhelo de sentencia eterna: Si no curaste tu retórica con Satanás, decano astuto, ¡tíralo!, no me entenderías, o me juzgarías histérico / más si tu vista, sin arrobo, sabe sumirse en los abismos léeme y aprenderás a amarme.

Abrir este breve prólogo al poemario de Mayte Albores con la advertencia que precede no es precisamente un gesto afectado y ni tan siquiera un recurso fácil. Sólo intento transmitir al lector mi aprehensión de la poesía de Mayte Albores, a quien sin duda hemos aprendido a amar aquellos que nos sumimos en los abismos de sus poemas. Porque la poesía de Mayte Albores es transparente pero insondable al mismo tiempo, desnuda e íntima, humana y animal. Requiere de una lectura cómplice y liberada de complejos, sin ideas preconcebidas y con el afán de descifrar cuantos sentimientos y deseos se esconden tras una tupida telaraña de versos libres y atrevidos.

El universo poético de Mayte Albores rezuma sensualidad y lujuria e incluso podríamos calificarlo como erótico. Sin embargo creo que las etiquetas sobran y no prefiguran el imaginario de la poesía alboriana. El sexo: de boca en boca provoca e insinúa. En ocasiones la poesía se torna ambigua y juega al despiste porque en el fondo huye de las apariencias. Es decir, se manifiesta sutil y exige al lector un ejercicio de comprensión mediante el cual llegaremos a desentrañar el verdadero significado de las palabras. De igual manera, El sexo: de boca en boca canta y ensalza el acto sexual. Pero no lo hace desde un prisma simplemente carnal o sexual sino con la finalidad humana de ensanchar el alma de los amantes y por extensión, de quienes habitan en sus versos.

Con Mayte Albores me une una amistad nacida del azar pero precisamente por ello se trate de una amistad sincera y generosa. Le agradezco profundamente que me brindara la oportunidad de prologarle su primer libro de poemas que pasa por una imprenta. Ése fue un gesto suyo que jamás olvidaré. Mientras tanto, zambullirse en su poesía será un placer presente y venidero que recomiendo fervientemente a todos los amantes de la poesía pura y sin ataduras. Porque como clama Mayte Albores en su verso más calderoniano “Me paso la vida soñando y soñando”. Y nosotros con ella.

Pedro Luna Antúnez.

sábado, 16 de abril de 2011

Es la negociación colectiva, estúpidos

Adjunto artículo que he redactado para Rebelión.

Consultando la breve pero esencial obra que ya hace treinta y cinco años publicó Julián Ariza sobre las Comisiones Obreras observamos que el renacer del movimiento obrero durante la oscura noche del franquismo halló en el conflicto laboral su plataforma de acción y oposición al régimen. Es a partir de la ley de convenios colectivos de 1958, inspirada por la necesidad de detener el avance del sindicalismo de clase y clandestino frente a la oficial y espuria Organización Sindical, y de de integrar a la clase obrera en los nuevos procesos productivos del desarrollismo económico de años venideros, cuando de manera muy significativa se va a producir un salto adelante en el desarrollo de las primeras comisiones organizadas de trabajadores, las cuales nacían y morían en cada uno de las plataformas reivindicativas de negociación de los convenios de empresa.

La reconstrucción del movimiento sindical se fue consolidando al fragor de la negociación colectiva, siendo ésta el vehículo de expresión de los trabajadores españoles en su lucha por mejorar las condiciones laborales de nuestra clase. Fueron años muy duros para el ejercicio del sindicalismo, de represión y cárcel contra el movimiento obrero organizado. Los casos del proceso 1001 en 1973 por el cual se condenaba a prisión a toda la dirección de CCOO o ya en 1976 el asesinato de dos obreros por parte de la policía al disolver a tiros una asamblea de trabajadores en Vitoria, ponen de relieve un espíritu de sacrificio que a la postre permitió la conquista de derechos sociales como legado para las generaciones posteriores.

Con la llegada de la democracia y la legalización de los sindicatos de clase se articula un nuevo corpus jurídico para las relaciones laborales. El Estatuto de los Trabajadores aprobado en 1980 y la Ley Orgánica de Libertad Sindical (LOLS) de 1985 sentaron las bases del marco legal para el desarrollo de la negociación colectiva por un lado y de las garantías sindicales por otro. Sin embargo, el camino hacia la normalización no fue fácil ni estuvo exento de contradicciones y desacuerdos. Recordemos que CCOO no avaló el Estatuto de los Trabajadores al considerar que no reconocía a las secciones sindicales y que limitaba las competencias de los comités de empresa. El contexto social y económico del momento así como el miedo de la patronal y del gobierno de la UCD a que se decantase la balanza del lado de los trabajadores propiciaron un redactado estatutario a la baja no sólo en lo referente a la autonomía sindical sino también en cuanto a la ampliación de los modelos de contratación temporal o a la no obligatoriedad por parte del empresario de readmitir al trabajador en caso de despido improcedente.

A pesar de las deficiencias del Estatuto de los Trabajadores convendría señalar que se cimentó una estructura sólida en materia de negociación colectiva. La concurrencia, tramitación y validez de los convenios colectivos quedaron fijadas en legitimidad de las comisiones negociadoras compuestas por empresarios y representantes sindicales. La interlocución social se resolvió a favor de los sindicatos mayoritarios al exigirse un mínimo de representatividad a nivel estatal, autonómico o de empresa con el aval del 10% de delegados sindicales que debía presentar una organización sindical para erigirse en parte negociadora. Con posterioridad, la LOLS selló el anclaje sindical en las nuevas relaciones laborales del periodo democrático.

La breve introducción histórica que precede intenta situar hasta que punto el movimiento sindical de éste país se ha amoldado a un armazón legal que apenas ha cambiado en los últimos treinta años en lo relativo a la eficacia de la negociación colectiva y a la capacidad de interlocución de los sindicatos. Otra historia serían los procesos paulatinos de precariedad y deterioro de las condiciones laborales de la clase trabajadora articulados en las sucesivas reformas laborales. Una vez se ha consolidado un mercado de trabajo con importantes déficits sociales, el objetivo de las élites económicas y políticas se dirige hacia la negociación colectiva con la finalidad de flexibilizar aún más la negociación y de contrarrestar el peso de la representación de los trabajadores y con ello toda capacidad de respuesta social.

Desde que estallara la crisis económica los tambores de guerra del neoliberalismo redoblan de manera ensordecedora cuando se trata de plantear una reforma de la negociación colectiva. No en vano, la negociación colectiva es la espina dorsal sobre la que se sustentan las relaciones laborales y en buena medida es la herramienta sindical más eficaz para mejorar las condiciones laborales de la clase obrera. En este sentido, las propuestas de la patronal como también del gobierno central del PSOE, para la reforma de la negociación colectiva persiguen desvirtuar la estructura negociadora actual adaptándola a las necesidades productivas y económicas de las empresas.

Por ejemplo, se propone un modelo salarial supeditado a los beneficios empresariales de manera que se generalicen las cláusulas de retribución variable según la cuenta de resultados de la empresa. Es decir, el modelo Angela Merkel. Pero el problema no radica tanto en la mejora de la productividad sino en el medio para alcanzarla. Creo que el movimiento sindical ya no es reacio a la hora de abordar en las mesas de negociación conceptos como productividad o competitividad. Es más, desde hace años y especialmente desde CCOO se ha remarcado la necesidad de cambiar el modelo productivo y el patrón de desarrollo de la economía española mediante el impulso de políticas industriales activas, de la innovación tecnológica y de la incorporación a nuestro tejido productivo de actividades de un mayor valor añadido. Por el contrario, patronal y gobierno sólo piensan mejorar la productividad desligando las revisiones salariales de la evolución del IPC, rebajando los salarios y en consecuencia empobreciendo el poder adquisitivo de los trabajadores.

El resto de propuestas de la patronal y del PSOE se dirigen al mismo tuétano de la negociación colectiva. El salario depende de la inflación y de la marcha de la economía, es una realidad fluctuante y no se enmarca tanto en una reforma de la negociación colectiva puesto que los criterios salariales se establecen en los acuerdos interconfederales. Pero cuando se propone la supresión de los convenios sectoriales y provinciales a favor de los convenios de empresa ésa sí es una medida que entra de cuajo en el esqueleto de la negociación colectiva a la vez que se está abocando al desamparo a millones de trabajadores españoles. En España el 98% de las empresas tienen menos de 25 trabajadores. ¿Qué grado de capacidad de negociación van a tener el gran grueso de trabajadores que componen las pequeñas y medianas empresas?. Convenios a la carta, esa es la demanda de la patronal. Para ello no duda en fragmentar en diminutos compartimentos estancos la negociación colectiva con el propósito de extirpar el potencial negociador de los sindicatos. Se trata de una propuesta que rompe por la mitad la filosofía establecida hace treinta años en el Estatuto de los Trabajadores respecto al encaje de los convenios en la negociación colectiva. Aunque no es la única.

Otra medida profundamente regresiva que se quiere introducir en la reforma de la negociación colectiva y que quebraría la estructura de negociación de los últimos treinta años es la supresión de la ultra actividad de los convenios colectivos. Es decir, la patronal exige que no se prorroguen automáticamente los convenios a revisar en caso de no llegar a un acuerdo en la negociación de un nuevo convenio. No es difícil suponer que tal premisa conllevaría la prolongación interesada de los procesos de negociación por parte de la clase empresarial y por lo tanto empezar de cero, cargándose así derechos adquiridos en la negociación colectiva.

La patronal propone una reforma en profundidad de la negociación colectiva orientada a cuestionar la propia interlocución de los sindicatos de clase. Es el viento que sopla desde Wisconsin y es el delirio antisindical de un empresariado español que aún no ha realizado su propia transición democrática. En el contexto actual de negociación cabe esperar que corten de raíz las descabelladas apetencias de la patronal. Si bien es cierto que a tenor de la cruzada antisocial emprendida por el gobierno del PSOE en los últimos tiempos no podemos albergar grandes expectativas sobre la actitud que tomarán Zapatero y compañía. En cierto modo, la pelota está en el tejado de los sindicatos. Por ello, sería deseable que se dejaran atrás tacticismos políticos y se enfocará el proceso desde la más absoluta autonomía sindical. No podemos ser ajenos a un sentir cada vez más generalizado entre la población trabajadora española cuando se sitúan a los sindicatos como el salvavidas del gobierno central, un sentimiento que se intensificó en el reciente acuerdo de reforma de las pensiones.

Los sindicatos han de pasar a la ofensiva y si hay que reformar la negociación colectiva hagámoslo para extenderla a ese 20% de los trabajadores que carecen de convenio alguno que regule sus condiciones laborales. Los problemas de estructura y de vertebración de los convenios existen pero son atribuibles en la mayoría de los casos a la patronal por su falta de homogeneidad en la interlocución. Suplir deficiencias propias para acometer una ofensiva en toda regla contra los derechos laborales de la clase obrera y de paso aniquilar la negociación colectiva es un envite que no podemos perder. Nos jugamos demasiado. La negociación colectiva no deja de ser la razón de ser de las organizaciones sindicales y es fundamental preservarla si queremos mantener los derechos y las conquistas sociales que tanto trabajo costaron conseguir. No podemos dejar arrebatarnos nuestro escudo protector, el caparazón de millones de trabajadores y trabajadoras. Es la negociación colectiva, estúpidos.

Pedro Luna Antúnez.

viernes, 25 de febrero de 2011

¿Cómo explicar la reforma de las pensiones?


Adjunto artículo que he redactado para el número de febrero-marzo de Nou Treball.

El pasado 4 de febrero Ignacio Fernández Toxo intervenía en el Consejo de la Federación de Industria de CCOO, el día siguiente de la firma del Acuerdo Social y Económico para el crecimiento, el empleo y la garantía de las pensiones. La intervención de Toxo se producía precisamente un día después de que se cerrara el acuerdo de tan pomposo título, presentándose por primera vez en un órgano de dirección del sindicato. Por lo tanto, había una gran expectación entre los presentes puesto que se trataba de una primera oportunidad para conocer de primera mano los argumentos que habían llevado al sindicato a consensuar con el gobierno central y la patronal el citado acuerdo. En el Consejo Federal de Industria, Toxo partió de una realidad objetiva que es de agradecer. Reconoció que el acuerdo era realmente duro, que de esta crisis la clase trabajadora “iba a salir con menos derechos” y que “entendía la posición de Izquierda Unida”. Es decir, Toxo fue profundamente realista y no articuló el discurso triunfalista que en ciertos ámbitos de la organización se está dando. Porque efectivamente, el acuerdo es duro, difícil de asimilar sindicalmente en según que contenidos y el sindicato no lo tendrá nada fácil a la hora de defenderlo en los centros de trabajo.

No obstante, lejos de entrar en un carrusel de valoraciones sobre el acuerdo, me preocupa la explicación que el sindicato está realizando del mismo. El ejercicio de exégesis es necesario si queremos preservar el nexo de unión entre las estructuras del sindicato y la base afiliativa. No olvidemos que CCOO no sólo es el primer sindicato de clase en número de afiliados sino que se trata de la organización social que cuenta con la mayor masa crítica y concienciada del conjunto de la clase trabajadora. Para entendernos, la afiliación de CCOO no es la de UGT, más proclive a la resignación y al seguidismo institucional. La afiliación de CCOO necesita saber y debatir, comprender y analizar las decisiones que adopta el sindicato. Por ejemplo, necesita conocer el motivo por el cual el sindicato ha acordado, aún siendo mediante una fórmula flexible y según los años de cotización, retrasar la edad de jubilación hasta los 67 años cuando lo contrario había sido el leitmotiv que había movido a la organización en los últimos meses.

Decía Charles Dickens que “el hombre nunca sabe de lo que es capaz hasta que lo intenta”. Es decir, la pregunta que revolotea en la mente de miles de afiliados y afiliadas de CCOO es si su sindicato ha hecho lo mejor posible o si en cambio podría haber ido más lejos. Si resulta que teniendo en cuenta el contexto de recortes sociales permanentes, el enconamiento de un gobierno rendido a los poderes económicos y el estrecho margen de maniobra y negociación ante la amenaza de un decretazo aún más lesivo, el sindicato estimó oportuno concretar la salida menos traumática posible para la clase trabajadora, pues que se diga abiertamente. Lo que no podemos ni debemos hacer es caer en argumentaciones que hasta hace pocos meses rechazábamos como sindicato.

¿Acaso era necesaria una reforma del sistema público de pensiones?. ¿Estaba en peligro la viabilidad y el futuro del sistema?. En un informe previo al acuerdo, Carlos Bravo, el secretario confederal de seguridad social de CCOO, aseguraba que la fortaleza del sistema público de pensiones era evidente al disponer el Fondo de Reserva de la Seguridad Social de 64.001 millones de euros, el equivalente al 6% del Producto Interior Bruto, y cuando además el sistema de Seguridad Social venía manteniendo superávits ejercicio tras ejercicio; en 2008, 14.000 millones de euros; en 2009, 8.500 millones y en 2010, 2.700 millones. En consecuencia, sería bueno encarar de manera más pedagógica y franca la argumentación de un acuerdo que requiere de un esfuerzo explicativo importante por parte del sindicato así como de un esfuerzo de comprensión por parte de la afiliación.

Pedro Luna Antúnez.

martes, 21 de diciembre de 2010

Los privilegiados


Adjunto artículo que he redactado para el número de diciembre-enero de Nou Treball.

“Cuando nos aprendimos las respuestas nos cambiaron las preguntas”

Mario Benedetti. Poesía con los jóvenes.

Decía el vicepresidente primero y portavoz del gobierno central Alfredo Pérez Rubalcaba el pasado 8 de diciembre que ya era hora de “desmontar el edificio de privilegios que tiene montado un colectivo que ha adquirido un poder que les hace echar pulsos de vez en cuando ya no al Gobierno sino al Estado y a los españoles”. Sin que sirva de precedente, estoy de acuerdo con Alfredo Pérez Rubalcaba. Creo que es muy necesario cortar con los privilegios que tanto atenazan el bienestar del conjunto de la sociedad española. Por ejemplo, me parece deleznable que en plena crisis el banquero Emilio Botín haya ganado 60 millones de euros, que el BBVA obtuviera el año pasado unos beneficios de 5.260 millones de euros, que el anterior consejero delegado del BBVA, Ignacio Goirigolzarri, se jubilara con una pensión superior a 50 millones de euros o que las SICAV disfruten de importantes ventajas fiscales al tributar al 1% en el Impuesto sobre Sociedades. Sin duda, estoy de acuerdo con Alfredo Pérez Rubalcaba. Hay que cortar de raíz los privilegios de unos pocos. Y no sólo habrá que acabar con los privilegios de los banqueros sino también con los privilegios de las multinacionales, de los especuladores, del sistema financiero, de los grandes capitales que defraudan al Estado o de los directivos con salarios multimillonarios.

Sin embargo, el portavoz del gobierno no se refería a los privilegios de la Banca o de las multinacionales sino al colectivo de los controladores aéreos. De sobras es conocida la situación de conflictividad laboral que estalló en los aeropuertos españoles el 6 de diciembre coincidiendo con el inicio del puente de la constitución. Tanto el gobierno como los medios de comunicación trataron el tema desde el punto de vista de las consecuencias y el impacto económico que acarreaban el conflicto. En consecuencia, se omitieron las causas y las raíces del problema, definiendo al conjunto de los controladores aéreos como un colectivo elitista y privilegiado que obraba por capricho y sin razones aparentes más que por su codicia. Si bien es cierto que la acción de los controladores supuso un gran perjuicio económico y familiar para miles de ciudadanos que se vieron afectados sin saberlo con un paro imprevisto, el conflicto es algo más complejo y merece un análisis más objetivo y sereno.

El enfoque sensacionalista de los medios de comunicación ha distorsionado en extremo la comprensión de un conflicto laboral que viene de lejos y que ha puesto de manifiesto hasta que punto han surgido nuevas realidades laborales en el contexto de la continua fragmentación de la clase trabajadora. Nuevas realidades que se han desarrollado al margen y sin la tutela de los sindicatos de clase, más orientados hacia la defensa de la clase obrera clásica de origen fordista, hecho que provocado el intenso corporativismo en las demandas laborales de unos trabajadores bien situados económica y socialmente. Es por ello que las estrategias de lucha de los controladores distan y chocan tanto de los códigos tradicionales del sindicalismo confederal. El caso es que, justificadas o no esas luchas, el sindicalismo tradicional no ha tenido la habilidad necesaria para adaptarse a esas nuevas realidades que coexisten en el actual mercado de trabajo.

Como bien apunta Miren Etxezarreta en un artículo reciente sobre la crisis de los controladores aéreos, “los privilegios de los controladores no hacen intolerable que éste colectivo de trabajadores luche por sus derechos”. Y efectivamente es de esperar que así lo hagan cuando han pasado de tener un calendario laboral de 1.200 horas a uno de 1.760 horas y cuando les han impuesto que las horas de baja no se computen como parte de la jornada de trabajo. Como bien sabemos, la respuesta del gobierno central fue la de militarizar los aeropuertos españoles marcando un precedente peligroso al tener que recurrir al ejercito para sofocar un conflicto laboral. Creo que desde la izquierda y desde el movimiento sindical de clase no podemos vacilar ni un instante a la hora de condenar la actitud de un gobierno rendido a los poderes económicos porque en realidad lo que está en juego no son tanto los privilegios de un colectivo determinado de trabajadores sino la destrucción del propio Estado del bienestar.

Está en juego la privatización de AENA y la de los servicios públicos, así como un nuevo diseño laboral en la función pública dirigido a cargarse la estabilidad y la seguridad en el empleo, ligándolo a la productividad y al rendimiento del trabajador. Hoy han sido los controladores y mañana quien sabe, serán el resto de trabajadores que sean tachados de privilegiados, aquellos que por ejemplo disfruten de un mes de vacaciones pagadas o tengan un contrato indefinido. Lo pudimos ver en el conflicto de los controladores aéreos. Las escenas de grupos de trabajadores clamando y exigiendo el despido de otros trabajadores presupone que la táctica del “divide y vencerás” podría hallar cierto eco entre la clase trabajadora. Sería uno de los efectos más dramáticos de una crisis económica y de valores que no sólo persigue desmantelar los derechos laborales y sociales sino exterminar cualquier atisbo de solidaridad de clase.

Pedro Luna Antúnez.

lunes, 29 de noviembre de 2010

El oasis catalán y las elecciones del 28-N


LO BUENO: Del Tripartito, ICV-EUiA es la única que salva los muebles. En el contexto de una campaña electoral convertida en un circo friqui, la de ICV-EUiA ha sido sin duda la campaña más política y programática. No en vano, algo nos queda del PSUC de Manuel Sacristán y del materialismo dialéctico. El racista Anglada no entra en el parlament pero la propagación de su discurso en barrios obreros es muy preocupante.

LO MALO: CiU gana con holgura las elecciones, el PP obtiene su mejor resultado electoral en Catalunya y el partido de Laporta entra en el Parlament. Una vez más el debate social y de clase queda desplazado por el debate nacional e identitario. El nacionalismo (de unos y de otros) sube y con la que está cayendo es una mala noticia y además es inconcebible.

LA MORALEJA: ¿Qué os parece que el Laporta con el apoyo de una actriz porno saque 4 diputados y que "Des de Baix" con el apoyo de Noam Chomsky y Slavoj Zizek obtenga menos votos que el Partido Antitaurino?. Es ciertamente dramático el deterioro de la política en Catalunya.

Pedro Luna Antúnez.

martes, 19 de octubre de 2010

El día después del 29-S

Helena Rojo en "Aguirre, la cólera de Dios".

Adjunto artículo que he redactado para el número de octubre-noviembre de Nou Treball.

Podemos afirmar sin complejos que la Huelga General del 29 de septiembre fue un éxito de las organizaciones sindicales convocantes y del conjunto de la clase trabajadora. Es de apreciar el seguimiento de una huelga que no se presentaba fácil teniendo en cuenta el fervor antisindical pregonado por los medios de comunicación y las amenazas de la patronal especialmente en la pequeña y mediana empresa. Posiblemente se haya enfrentado el movimiento obrero de nuestro país a su Huelga General más complicada y es por ello que nuestra valoración ha de ser satisfactoria no sólo porque la huelga fuese secundada por una mayoría social sino porque los sindicatos han conseguido salir airosos en un contexto adverso tanto a nivel político como mediático que perseguía la propia defunción de las organizaciones sindicales de clase.

Ahora bien, una vez demostrado que la capacidad de movilización e influencia social de los sindicatos permanece intacta sería conveniente pensar que si bien la prueba se ha superado no podemos olvidar que una Huelga General no es un fin en si misma sino un medio para alcanzar ciertos objetivos. En este sentido, tampoco podemos olvidar que la huelga se convocó en protesta contra la política económica y laboral del gobierno central del PSOE, véanse el plan de ajuste salarial en la función pública, la Reforma Laboral, la reforma del sistema publico de pensiones o la más que previsible reforma de la negociación colectiva. Es decir, la clase trabajadora española ha de percibir que la huelga se hace con el afán de cambiar la deriva neoliberal del gobierno y de no ser así en el plazo corto proseguir con un proceso sostenido de movilizaciones.

Hay que decir que hasta el momento los sindicatos siguen reuniendo a sus órganos de dirección con la tarea de realizar las respectivas valoraciones de la Huelga General, siendo éste un proceso de debate algo lento y farragoso. Por ejemplo, CCOO reunió a su Consejo Confederal el 19 de octubre para debatir la estrategia del sindicato tras la Huelga General. Esto es, casi un mes después del 29-S la maquinaria ideológica del sindicato sigue valorando y analizando, lo cual evidentemente está muy bien y es sin duda necesario pero eso sí, sin perder de vista el efecto inmediato. ¿Qué hacer cuando el gobierno no sólo no ha rectificado ni una coma de su proyecto de Reforma Laboral sino que además ha iniciado las conversaciones con los grupos parlamentarios en el seno de la comisión del pacto de Toledo para reformar el sistema público de pensiones?. Pues bien, en el Consejo Confederal de CCOO se decidió estudiar la posibilidad de impulsar una ILP para modificar el contenido de la Reforma Laboral a la vez que se anuncian posibles movilizaciones en diciembre. En consecuencia, nos podemos hacer la siguiente pregunta: ¿nos conviene elaborar la estrategia sindical a medio o largo plazo?. Es cierto que las huelgas generales precedentes llegaron a cambiar las políticas económicas del gobierno a largo plazo. Por ejemplo, recordemos que la exitosa Huelga General del 14 de diciembre de 1988 hizo retirar el Plan de Empleo Juvenil dieciocho meses después y que en 2002 la última Huelga General provocó la retirara del “decretazo” del Partido Popular al cabo de seis meses. No obstante, en la coyuntura actual y con un gobierno empecinado en llevar a cabo sus lesivas reformas y su ideario neoliberal cueste lo que cueste y haciendo oídos sordos a la inmensa mayoría de la población trabajadora española, quizás sería apropiado pensar que la estrategia sindical debería concretarse en el corto plazo y al calor de una movilización social permanente.

En un artículo reciente Agustín Moreno escribía que “nadie con un mínimo conocimiento histórico puede dudar del valor histórico de la movilización, aunque hoy en día los mecanismos ideológicos del neoliberalismo debilitan la conciencia de clase y presentan el conflicto social como una antigualla inútil en vez de como un motor de cambio y avance social”. Tiene toda la razón el compañero Agustín. Tras unos años de concertación social con resultados desiguales y de escorar a un lado la movilización ciudadana es preciso exhibir de nuevo nuestro músculo movilizador y no por una cuestión de imagen sino por una razón práctica y de eficacia. Ya sabemos que las agresiones del gobierno no se detendrán en los próximos meses sino todo lo contrario. En consecuencia, el proceso de movilizaciones no debería detenerse tampoco.

La gestión del día después del 29-S. He aquí el dilema y la gran hoja de ruta de las organizaciones sindicales. Y habrá que hilar muy fino si pretendemos un giro de las políticas económicas del gobierno, por un lado, y volver a ganar la calle, por otro lado. Sin ser exportable la situación francesa, es legítimo y comprensible que muchos trabajadores y trabajadoras se pregunten el porqué en Francia van este año por la novena Huelga General sin haber sufrido los envites de una reforma del mercado de trabajo y cuando la tasa de desempleo apenas supera el 10%, mientras en nuestro país la ofensiva del capital es mucho más cruda y el desempleo se sitúa en el 20%. Ésta es una reflexión que deberíamos de realizar con calma y objetividad. Asimismo, no vendría mal adaptar nuestro modelo sindical a la nueva realidad social y económica. El sistema neoliberal está aprovechando el contexto de crisis económica para minar nuestros derechos sociales y laborales pero lejos de ser un ataque puntual está derivando en un cambio absoluto de las relaciones laborales y de las condiciones de vida de la clase trabajadora. Se avecinan tiempos de confrontación y de lucha. Luchemos, pues.

Pedro Luna Antúnez.

miércoles, 25 de agosto de 2010

La ofensiva contra la negociación colectiva y el sindicalismo de clase


Adjunto artículo que he redactado para el número de septiembre de Rebelión.

Cuando Zapatero presentó el pasado mes de mayo el plan de ajuste salarial para la administración pública no sólo castigaba duramente el poder adquisitivo de la clase trabajadora del sector sino que traspasaba una línea roja en el ámbito de la negociación colectiva y de las relaciones con las organizaciones sindicales. Recordemos que el plan del gobierno central establecía para los funcionarios una reducción salarial del 5% en 2010 y la congelación de los sueldos en 2011. Pues bien, el decreto ley del PSOE se aprobó en Consejo de Ministros sólo unos meses después de que se firmara el Acuerdo de Negociación Colectiva de la Función Pública para 2010-2012. Era, por lo tanto, el propio gobierno el que vulneraba un acuerdo ya firmado, pisoteando así un derecho laboral ejecutado por ley como es el que afecta a los incrementos salariales acordados en Convenio Colectivo. No se trata de un tema menor cuando es jurisprudencia del Tribunal Supremo la que establece que se puede modificar la estructura de las retribuciones salariales pero nunca los derechos adquiridos de las mismas. Es decir, el gobierno central podría congelar los salarios pero jamás recortarlos habiendo un convenio vigente que regule los incrementos salariales.

El plan de ajuste de Zapatero lo recurrieron las federaciones del área pública de CCOO presentando ante el Tribunal Supremo un recurso contencioso administrativo sobre la protección de derechos fundamentales reconocidos en el artículo 28 de la Constitución Española en relación con los artículos 7 y 37 sobre el derecho a la negociación colectiva y la fuerza vinculante de los convenios colectivos. Hace escasamente unas semanas la Audiencia Nacional admitió a trámite el recurso interpuesto por CCOO contra el recorte salarial del gobierno. No obstante, sobre la inconstitucionalidad del plan de Zapatero poco o nada se ha dicho en el ámbito de la opinión pública e incluso en el escenario político. Da la sensación de que nos hemos acostumbrado a que se vulneren convenios y a que se menoscabe la libertad sindical y ciertamente corren tiempos poco propicios para el desarrollo, tanto en las empresas como en el contexto general, de la acción sindical.

La ilegalidad se ha convertido en la norma y en una de las pautas de trabajo tanto del gobierno como de la patronal. Porque en paralelo a la actitud unilateral exhibida por el gobierno contra el diálogo social, la negociación de los convenios colectivos en España sigue paralizada por expreso deseo de la patronal y en lo que va de año 2010 se han registrado más de 1.600 convenios colectivos menos que en 2009. Ello unido a la inexistencia de un IPC previsto reconocido por el Ministerio de Trabajo (el IPC previsto sigue siendo el 2% conforme al mandato en materia de política inflacionista del Banco Central Europeo) ha provocado por un lado, el estancamiento de la negociación colectiva en las empresas y sectores y por otro lado, el incumplimiento por parte de la patronal de los incrementos salariales firmados en convenios vigentes que se ajustaban a la referencia del IPC previsto. Las consecuencias de la vulneración reiterada y de la ausencia de negociación colectiva no dejan de ser profundamente lesivas para la clase trabajadora puesto que nos aboca a la desregulación de las relaciones laborales como fin empresarial. Es el “laissez faire” del siglo XXI o la destrucción del sindicalismo de clase.

La destrucción del sindicalismo de clase no es un juicio victimista sino el objetivo del neoliberalismo. No es casual que el ex ministro de Trabajo del Partido Popular, Manuel Pimentel, declarase hace unas semanas que la reforma de la ley de huelga no se podía demorar más o que desde el gobierno de la Comunidad de Madrid y medios afines se criminalizase a los huelguistas del Metro de Madrid llamándolos “salvajes” y “delincuentes". No en vano, en los últimos meses se ha orquestado una furiosa campaña antisindical contra los sindicatos mayoritarios en la que han coincidido ciertos medios de comunicación (correas de transmisión de determinados lobbies empresariales), la derecha política, la patronal y en ocasiones la llamada “extrema izquierda” (véase el portal de internet "kaosenlared"), centrando los ataques en las subvenciones a las organizaciones sindicales más representativas, en las liberaciones y los cargos sindicales, en el derecho a la huelga, en la propia convocatoria de la Huelga General del 29 de septiembre (“se hace tarde y mal” o “los delegados sindicales no perderán económicamente el día” ha sido la cantinela de los tertulianos de Intereconomía y alrededores) y como no, en la existencia de la negociación colectiva, la cual se juzga como algo “vintage” y fuera de lugar.

¿Por qué se ha desatado tal ofensiva contra los sindicatos en el momento actual?. Es muy sencillo. Las organizaciones sindicales son la última barrera que separa al neoliberalismo de alcanzar sus objetivos de desregulación del mercado de trabajo. La presencia en absoluta minoría de los referentes electorales de la izquierda (IU-ICV cuenta con sólo 2 diputados en el congreso) y su actual debilidad social en cuanto a influencia política ha propiciado que sean los sindicatos, con sus imperfecciones y errores si se quiere pero con millones de afiliados y presencia activa en los centros de trabajo, el muro de defensa más sólido del que dispone la clase trabajadora para hacer frente a la crisis y a los ataques de la clase empresarial por individualizar las relaciones laborales y precarizar las condiciones de trabajo. Es por ello que desde la izquierda hemos de realizar un esfuerzo pedagógico que visualice y transmita la gran importancia de los sindicatos como herramienta colectiva de defensa de los intereses de los trabajadores y trabajadoras. Porque cuando desde determinados ámbitos se ataca al movimiento sindical se hace con el ánimo de discutir la misma existencia de las organizaciones sindicales.

Ante el panorama descrito, el éxito de la la Huelga General del 29 de septiembre es más necesario que nunca, para las organizaciones sindicales y para el conjunto de la clase trabajadora española. Aquellos que apuestan por el deterioro de las condiciones laborales y de los derechos sociales esperan una Huelga General de perfil bajo para justificar futuros recortes sociales en el futuro como el retraso de la edad de jubilación o el desmantelamiento de los servicios públicos. La huelga hay que ganarla sí o sí. No valen intereses corporativos o locales. Por ejemplo, el hecho de que en el País vasco los sindicatos nacionalitas ELA y LAB aún no hayan mostrado públicamente su apoyo a la Huelga General es un acto de irresponsabilidad sindical muy alejado del interés de la clase obrera que sería de una gravedad enorme si finalmente ambas organizaciones sindicales no secundaran la convocatoria de huelga. Los trabajadores y trabajadoras nos jugamos muchísimo en los próximos meses y la unidad es fundamental cuando hay tantos intereses esperando la derrota del movimiento obrero.

Pedro Luna Antúnez.