Porque escribir es viento fugitivo y publicar, columna arrinconada. Blas de Otero

sábado, 16 de febrero de 2008

Los artistas


Acusan a los artistas patrios (Plataforma de Apoyo a Zapatero) de pedir el voto al PSOE en gratitud por el canon digital. No es cierto, y no lo es porque los Ana Belén, Víctor Manuel, Concha Velasco, Juan Manuel Serrat y Miguel Bosé siempre se han caracterizado por su apoyo electoral a los socialistos. No es algo nuevo, sorprende quizá en Joaquín Sabina, antaño votante de IU, aunque ya sabemos que no es el mismo desde que dejó las drogas y el güisqui. A mi no me molesta que pidan el voto al PSOE, claro que tampoco me hace excesiva gracia. Lo que me revienta es que la atención mediática la acaparan siempre los mismos graciosillos. Defender la alegría canturrean los combativos artistas, algo así como sé feliz y no te preocupes de nada porque si gana Zapatero que más dan las injusticias sociales, la precariedad laboral, las hipotecas abusivas o los beneficios fiscales a las clases pudientes. La felicidad está por encima de la justicia. No lo pienses más, cenizo, que diría Víctor Manuel.

Por lo menos, es de agradecer que en esta ocasión no se haya dejado caer por la party un Ramoncín o un Javier Gurruchaga cantando Imagine de John Lennon. Como tampoco hemos visto a un Alejandro Sanz, ricachón de mansión establecido en el Miami de la mafia anticastrista, que hace unos días recibió la “solidaridad” de 153 artistas en un manifiesto de apoyo a raíz de la cancelación de un concierto suyo en Venezuela. “Por la libertad de expresión” clama el manifiesto que firman personajes tan comprometidos y subversivos como David Beckam, Ricky Martín, Manolo Escobar, Jennifer López o David Bisbal. Que gente más guapa y cuánto cuento.

Pedro Luna Antúnez.

jueves, 24 de enero de 2008

Prusianos y genoveses II


En plena investigación del “caso guateque”, la condesa consorte de Murillo se destapa con unas declaraciones en las que acusa a los inmigrantes de venir a España a robar porque aquí es más barato delinquir. Al mismo tiempo, Luís Armada, viceconsejero de transportes de la Comunidad de Madrid es citado para declarar ante el juez por una presunta trama de cobro de comisiones por la tramitación de licencias en el Ayuntamiento de Madrid. Luís Armada fue gerente de urbanismo del Ayuntamiento entre 1997 y 2003, siendo inhabilitado por orden judicial a raíz del cobro del denominado “coeficiente K”, impuesto con el que se grababan las nuevas edificaciones en el centro de Madrid. Por ello, el Ayuntamiento tuvo que devolver 20 millones de euros y el ínclito Luís Armada fue obligado a pagar 7.200 euros por un delito de desobediencia a la justicia.

A pesar de tal historial, Luís Armada fue repescado por la condesa consorte de Murillo, convirtiéndose así en viceconsejero de transportes de la Comunidad. A seguir robando, ya que en España es más barato hacerlo. Bien lo sabe Esperanza y su colega. ¿Y quien es su colega? Pues no se trata de ningún inmigrante peruano sino que es un señor de rancio abolengo, más rancio que otra cosa, claro. ¿Se acuerdan del golpista del 23-F, el general de división Alfonso Armada? Sí, ése, el “elefante blanco”. Pues es el tío del viceconsejero, del ladronzuelo y del inhabilitado, del amigo de la condesa consorte y del desobediente a la justicia. Si es que viene de familia. La familia Armada tiene pedigrí y hunde sus raíces en el seno de una casa señorial gallega, la del marquesado de Santa Cruz de Rivadulla, una estirpe de clérigos y militares a la que contemplan más de cuatrocientos años de buen vivir y mejor comer. Como los señores del condado de Murillo. Como la familia Pizarro y los Ruiz Gallardón, y los Utrera. Aristócratas, empresarios, golpistas, verdugos y corruptos. Ya lo dije en el escrito anterior, esta gente conserva el instinto de clase. Por eso los que roban han de ser siempre pobres. Claro que resulta torpe decirlo públicamente cuando los tuyos están siendo investigados por el juzgado de instrucción.

Pedro Luna Antúnez.

martes, 22 de enero de 2008

Prusianos y genoveses


“Aristócratas prusianos, valiente montón de mierda”.

La cruz de hierro. Sam Peckinpah, 1977.

Desde la izquierda no nos podemos rasgar las vestiduras porque el Partido Popular presente a Manuel Pizarro como segundo en la lista electoral por Madrid. ¿Acaso hay buenos y malos en el PP?. Ahora resulta que Ruiz Gallardón, ese lobo con piel de cordero, es el tótem del centrismo integrador, un gran demócrata y si me apuran casi un progresista. No sé, será por leer El País. Ruíz Gallardón, que de casta le viene el galgo, no deja de ser un tipo de derechas, muy de derechas si echamos un vistazo a su árbol genealógico. Hijo de unos de los fundadores de Alianza Popular y nieto de un periodista famoso por alabar las “hazañas” de Franco en el norte de África. Y yo creo que estas cosas nunca se olvidan. Pero el caso es que este santurrón de misa diaria, casado con la hija de José María Utrera, a la sazón, antiguo secretario general del Movimiento Nacional, parece que cae bien. ¿Será entrevistado en Cuatro por Eva Hache? ¿O por Iñaki Gabilondo?.

Max Weber las definió como la “oligarquía eterna española”, las cien o las doscientas familias de siempre, que perduran por los siglos de los siglos, adaptándose ahora a las inclemencias y al contexto político e histórico que les ha tocado vivir. Como los verdaderos fariseos, unos disimulan más y otros menos. Ruiz Gallardón disimula demasiado y aparenta lo que no es. Esperanza Aguirre y Manuel Pizarro no se andan tanto por las ramas y eso, créanme, ayuda a clarificar la situación y a trazar una gran línea divisoria entre derecha e izquierda, como mandan los cánones. A mi no me sorprende que el PP fiche a un empresario de postín y lo incluya en su lista electoral. Es lo que corresponde a un partido de derechas. Me hubiera sorprendido que en lugar de Manuel Pizarro colocaran a un sindicalista de la Naval de Gijón. Conciencia de clase es lo que tiene la derecha. Lo que me preocupa es que dejemos de tenerla nosotros.

Nota: Esperanza Aguirre es condesa consorte de Murillo, "grande de España" y en 2004 la mismísima reina Isabel II le concedió el título de Dama Comandante del Imperio Británico. Manuel Pizarro amen de empresario con éxito también es hijo y nieto de vencedores, hijo de un procurador de las cortes franquistas y nieto del gobernador civil de Teruel entre 1947 y 1954, represor de maquis y general de la Guardia Civil. Son de “buena cuna” como Ruiz Gallardón. Y en eso poco se diferencian.

Pedro Luna Antúnez.


jueves, 27 de diciembre de 2007

La conjura contra América


Hoy en el diario Público se puede leer un artículo interesante. Me refiero al amplio reportaje dedicado a Philip Roth, el autor de La conjura contra América y Goodbye, Columbus. Philip Roth es uno de esos novelistas estadounideneses que ha despotricado contra todo: contra el espejismo del "American Way of Life" y la caza de brujas de McCarthy pero también contra la comunidad judia y el movimiento "hippie". Ser un autor gruñón y deslenguado le ha valido el desprecio de unos y de otros. Pero no por ello ha dejado de ser considerado como uno de los grandes escritores estadounidenses del siglo XX, siendo además alguien que ha creado escuela y ha influido a generaciones posteriores. Autores como David Foster Wallace o Jeffrey Eugenides han crecido bajo la égida literaria de Philip Roth. ¿Cómo entender si no Las vírgenes suicidas y su crítica velada al integrismo religioso de la América profunda?. A Philip Roth, estadounidense de origen judio, le han llovido palos desde las dos orillas y ha tenido que sacudirse en más de ocasión de la mezquindad del rabino y de los delirios del creacionismo. Ambas orillas son las punta de lanza de un mundo asfixiante, sectario y peligroso.

La literatura estadounidense del siglo XX nos ha regalado grandes autores. Philip Roth es uno de ellos. También lo son J.D Salinger, John Dos Passos, Norman Mailer, Jack Kerouac o John Steinbeck. De los actuales podríamos destacar a Don Delillo y a Paul Auster. De Norman Mailer, que falleció el mes pasado, se acaba de publicar en España su novela póstuma, El castillo en el bosque, que parece llegar en un momento de pujanza de la novela de contexto histórico y en concreto sobre la Segunda Guerra Mundial y las atrocidades perpetradas por los nazis. En este sentido, El castillo en el bosque compite o no con Vida y destino de Vasili Grossman, con Europa Central de William T. Vollmann y con Las benevolas de Jonathan Litell. Éste último es el novelote que me estoy leyendo actualmente; una obra dura, cruda y descarnada. De hecho, he estado unos días enfermo y creo que la lectura de Las benevolas algo ha tenido que ver. La literatura no deja de ser un estado de ánimo.

Hoy, como me imagino que nuestras huestes habrán comprado el Público, desde esta humilde bitácora les invito a leer la reseña sobre Philip Roth y como no, a zambullirse en la obra de un autor lúcido y brillante.

Pedro Luna Antúnez.

lunes, 3 de diciembre de 2007

Madrid me mata


La burguesía catalana tiene la costumbre de echarle la culpa a Madrid de todos los males que padece Cataluña. Madrid es el chivo expiatorio propicio de una burguesía sibilina, profundamente fenicia y muy victimista. Claro que cargar contra Madrid siempre vende y de paso exime de responsabilidades a nuestros empresarios y políticos que tan preocupados andan por el futuro del terruño. Cataluña sufre déficits considerables, es cierto, tanto en materia social como en infraestructuras. Por ejemplo, ahí van unas cifras que no parecen indignar a nadie: en Cataluña el 57% de la población vive con menos de 1.050 euros al mes, el 10´7% percibe unos ingresos inferiores a 450 euros mensuales y el 32% de las familias presentan serias dificultades para llegar a final de mes. Para más inri los trenes de cercanías llegan tarde o no llegan, las obras del AVE se eternizan, los socavones brotan como la mala hierba y la paciencia de los sufridos ciudadanos perece entre zanjas y el donaire de una ministra de Fomento pelín folclórica.

¿Culpa de Madrid y del estado centralista que nos roba? Yo no creo que Magdalena Álvarez sea anticatalana como algunos claman enojados, más bien la considero incapacitada para ser ministra y deudora del modelo neoliberal que el gobierno del PSOE está aplicando en la Renfe y en el sector de los transportes. Sin embargo, en el comunicado de la plataforma pel dret a decidir, la plataforma que convocó la manifestación del sábado en Barcelona, se hablaba de la “ministra española” o de los “intereses del estado centralista español” y en cambio nada se decía de la privatización de los servicios públicos o del aumento de la siniestralidad en las obras del AVE a causa de la precariedad laboral. Se reivindicaba, eso sí, el traspaso de la red de transportes, la gestión del aeropuerto y la publicación por parte del gobierno central de las balanzas fiscales. Yo recuerdo como CiU reclamó la intervención del ejército para hacer frente a los trabajadores del aeropuerto del Prat que invadieron las pistas de aterrizaje en agosto de 2006 cuando protestaban contra la externalización de las plantillas y la pérdida de derechos laborales. ¿Y estos quieren gestionar el aeropuerto del Prat? Miedo me da.

Es decir, de nuevo se sitúa el debate identitario por encima del debate social o de clase. A los del Foment del Treball, la patronal catalana, ya les viene bien que se monte un salsa rosa patriotero y casi futbolero. Más tarde pasarán cuentas, en eso son realmente buenos aunque últimamente se derrumbe el mito. Se han ahogado en las “gélidas aguas del cálculo egoísta”.

Pedro Luna Antúnez.

lunes, 26 de noviembre de 2007

Nuestro Marcelino Camacho


Supongo yo que el homenaje a Marcelino Camacho que se celebra hoy en Madrid será realmente bonito, algo así como el concierto de año nuevo de la filarmónica de Viena, con un público muy selecto, de boato y oropel, como no, previa invitación, muy exclusiva por supuesto, que habla el señor Cuevas. Vayan pasando los señores sindicalistas y tomen asiento, es guapo y muy pulcro el Palacio de Congresos de Madrid, el mismo escenario donde se realizó el VI Congreso de CCOO en 1996. ¿Se acuerdan?. Yo no, era muy joven pero algo me han explicado los mayores. Al cabo de unos años imagínense un homenaje de Salieri a Mozart. Pues me parece muy bien.

Pasa que Marcelino Camacho pertenece a todos los trabajadores, una obviedad que conviene recordar y que por encima de la pompa y el relumbrón prima el sindicalista y la persona. El amigo y compañero Agustín Moreno escribe hoy en Público un artículo que recomiendo por dos razones: en primer lugar porque está muy bien escrito e incluso cita a Flaubert, un día hablaré de sindicalismo y literatura, y en segundo lugar porque se centra en la faceta humana de Marcelino Camacho, la del luchador obrero que jamás se doblegó, ni ante una dictadura infame y fratricida ni tampoco ante un patrón explotador y cicatero. Por ello nos satisface escribir que Marcelino Camacho no ha cambiado, que sigue viviendo en un modesto piso del barrio de Carabanchel llevando una vida sencilla y austera, que no se ha enriquecido y ni falta que le hace, y que sigue siendo fiel a sus principios y a la clase trabajadora, a los suyos. A eso yo le llamo honestidad.

Pedro Luna Antúnez.

miércoles, 21 de noviembre de 2007

La ruta de las cosas



¿Quien sería el Ramón Gómez de la Serna del siglo XXI?. No lo hay. Sencillamente, uno se tiene que conformar o no con graciosos de medio pelo, vanguardistas de salón que no dejan de ser unos auténticos caraduras y algunos trileros de la palabra escásamente brillantes. ¿Quién habla bien?, ¿Quién escribe cómo los ángeles?, ¿Quíen usa monóculo?. Son las grandes preguntas que me hago hoy siendo consciente de que no hallarán respuestas convincentes. El orador se enfrenta a la incomprensión, no es fácil engatusar al personal con una excelsa greguería o mediante el canto de sirena de una poesía socarrona. ¿Un orador político?. No. ¿Un mensaje de esperanza?. Pues tampoco. Ramón era un poco ajeno a todo ello, como buen esteta y burgués, literato de un ingenio afilado pero con mácula, bello y estético, lacerante y rumboso. Pura pose. Como aquella gansada que realizó en 1928 ante la cámara de un amigote suyo. Pero quien lo iguale que se preste a ello. Si es capaz, claro.

Para saber más sobre Ramón Gómez de la Serna haz clic aquí.

Pedro Luna Antúnez.

lunes, 19 de noviembre de 2007

Serenamente Gregorio


En recuerdo de Gregorio López Raimundo y de todos los luchadores antifranquistas.

Tan necesitados como andamos de héroes y de grandes hombres es nuestra obligación moral recordar a Gregorio López Raimundo, luchador contra la dictadura franquista y Secretrario General del PSUC entre 1965 y 1977. El PSUC, el partido de los comunistas catalanes y hermano del PCE es sin duda un partido muy especial. Primero porque a diferencia de la gran mayoría de partidos comunistas no nació de una escisión sino que fue fruto de la unificación de una serie de organizaciones socialistas y comunistas. De las Juventudes Socialistas, por ejemplo, procedía Gregorio. Y segundo, porque fue el partido de los comunistas catalanes pero también el de los comunistas andaluces, extremeños, gallegos, murcianos o aragoneses que emigraron a la Cataluña de los años 50, 60 y 70, y esa unidad de todos los trabajadores fue una de las señas de identidad de un gran partido. No tuve la suerte de conocer personalmente a Gregorio aún habiendo coincidido con él en algunos actos del PSUC viu estos últimos años pero si algo me llamó siempre la atención fue la serenidad y sencillez que transmitía así como una dignidad mayúscula, la de un hombre que como miles de españoles de su generación sufrió la tragedia de su país, en el exilio, en la clandestinidad y en la cárcel. Eso sí, jamás se dio por vencido.

Hasta siempre, compañero Gregorio.

Pedro Luna Antúnez.

lunes, 12 de noviembre de 2007

El buen diplomático


Cuenta Moshe Lewin en El siglo soviético el enorme prestigio que se ganó Andrei Gromiko durante los veintiocho años que fue ministro de exteriores de la Unión Soviética, canjeándose incluso la admiración y el respeto de sus más feroces adversarios políticos. Parece ser que Andrei Gromiko era un personaje aburrido y algo gris, sobrio y sin sentido del humor, pero sumamente efectivo y hábil en las relaciones diplómaticas internacionales en unos años tan tensos y turbulentos como los de la guerra fría. Entre los diplomáticos de la época se afirmaba lo siguiente: “sólo si has sobrevivido a Gromiko después de reunirte con él durante una hora, puedes empezar a considerate un diplomático”. Una adveretencia no exenta de fascinación por la fugura del mandatario soviético. Ronald Reagan, ese mediocre actor y pésimo político que llegó a ser presidente de los EE.UU pudo comprobarlo personalmente. En uno de sus primeros contactos políticos a nivel internacional y tras una hora de reunión con el camarada Gromiko, regresó a la Casa Blanca inquieto y profundamente emocionado por la experiencia. Lo que Ronald Reagan no sabía es que el gobierno soviético había sugerido a Andrei Gromiko que por razones diplomáticas tratara bien al nuevo presidente yanqui. Andrei Gromiko que se caracterizó por ser un fiel servidor al estado soviético consiguió encandilar a una diplomacia internacional que al margen de prejuicios y trabas ideológicas supo reconocer y alabar el talento de un hombre extraordinario, alguien que comprendió que el arte de la política radica en el dialogo y como no, en la persuasión y en el poder de convencimiento.

La diplomacia actual es una comedia más bien grotesca. Hemos visto tambalearse a un achispado y beodo Yeltsin o como Berlusconi, ese mafioso distinguido y un reaccionario hasta las cachas, le pellizcaba el trasero a una azafata. Y ahora viene este Rey leguleyo y de pocas luces que es Juan Carlos I y manda callar al mismísimo presidente de Venezuela con un "¿por qué no te callas?" que pasará a la Historia de la tontuna y el absurdo. Claro que comparar a Andrei Gromiko con el Rey de España es como comparar a Mozart con "El Canto del Loco". Mandar callar a alguien para después largarse denota falta de argumentos y miedo a la verdad, y tanto Chávez como Ortega la dijeron. Como afirma Pascual Serrano en un artículo muy aconsejable de leer, por primera vez el Rey dijo algo que no le habían escrito, de manera espontánea y muy franco, lo que pasa es que se hizo un flaco favor a si mismo, mostrando sus vergüenzas y una escasa capacidad reflexiva, intelectual y diplomática. Para nuestra mayor desgracia, los españoles lo hemos de sufrir y ya son años arrastrando esta rémora. Demasiados, creo yo.

Salud y República.

Pedro Luna Antúnez.

lunes, 5 de noviembre de 2007

Cine de autor


Estos días los he aprovechado para visionar de nuevo El sur y El espíritu de la colmena, las dos películas de Víctor Erice, ya sabéis, ese director serio y austero, un poco anacoreta, el J.D Salinger del cine español, un ermitaño con barba que jamás se dejará entrevistar por los del CQC, pero tampoco por el Punset o el Antonio Gasset. No le interesa ni la farándula ni la frivolidad del mundo moderno. Él en casa con su mujer Adelaida. Como en sus películas, refugiado en una casona entre la bruma y el aullido de los lobos, una casa como la del doctor Agustín, con su veleta oxidada y sus grandes ventanales. Lánguida y trágica posguerra, la maestra represaliada que hace punto y escucha a Schubert, el ovillo de lana rodando por el suelo, poesía en tonos sepia, romanticismo y tradición, la vieja biblioteca y las obras completas de Montaigne y Unamuno, lejos, muy lejos de la capital de provincias, del cine de barrio, del teatro y los cafés, lejos de los vencedores, caínes sempiternos. Victor Erice vendría a ser nuestro Bergman, bueno, podría ser también Truffaut o Godard, un intelectual del séptimo arte que lee los Cahiers du cinéma y se cartea con colegas tan sabihondos como él.

A mi no me gusta ni Almodóvar ni Amenábar y tampoco Aranoa, ese cine español que traspasa fronteras. En cambio sí me gusta Víctor Erice. Su cine, introspectivo y casi azoriniano, hurga en la belleza de lo cotidiano y en el lento transcurrir de la vida, en ese país llamado infancia, en nuestra memoria más recóndita y en la metáfora más sutil y precisa, en la poesía de un paisaje árido y seco, en el lenguaje del susurro y en nuestros temores, en esa España de posguerra, miserable y derrotada emocionalmente, en el exilio interior, en la soledad y en el desasosiego humano. Un cine que ningún otro director español ha conseguido igualar. Gente como Julio Médem o Montxo Armendáriz e incluso Garci han pretendido emular al maestro y aún obteniendo resultados más o menos favorables no han alcanzado la hondura poética de la obra de Victor Erice. Tal y como está hoy en día el cine español, véase El orfanato, no nos queda otra que recurrir a los clásicos y Víctor Erice que lo es, se nos presenta como una referencia ineludible. O al menos eso pienso yo.

Pedro Luna Antúnez.